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miércoles, 3 de noviembre de 2010

México Interconectado



Un México digital necesita contar con un marco regulatorio actualizado y pro competitivo del espectro radioeléctrico y de redes de fibra óptica.

El Internet llegó a México a finales de la década de los ochenta, coincidiendo con los cambios políticos y económicos que rearticularon el orden mundial, mientras que nuestro país se encaminaba seguro de sí a la modernización económica.


La red comenzaba a alterar al mundo y se convertiría en el sistema nervioso de la sociedad, así como tema irrenunciable de la agenda mundial, toda vez que es innegable motor de productividad, sociabilidad y de adquisición del saber.
Sin embargo la Sociedad del conocimiento o como se prefiera llamar al paradigma en el que Internet tieneun lugar preeminente ha venido a profundizar la inequidad, aunque paradójicamente sus implicaciones afecten a todos por igual.

En este 2010 año del bicentenario, se cumplen veintiuno de la primera conexión entre el Tecnológico de Monterrey y la Universidad de Texas y sólo la cuarta parte de los mexicanos tiene acceso a Internet, un porcentaje muy bajo con respecto al resto de los países de la OCDE de la cual México es parte.















A la brecha económica le sumamos la generacional, el 77 % de los internautas tiene menos de 34 años y de éstos, los que la han incorporado a su vida cotidiana y productiva son los jóvenes urbanos de mayor escolaridad. Alrededor de estos mexicanos conectados se forja el microuniverso de usuarios de las formidables redes sociales de moda como Facebook, Twitter y YouTube.



Sin embargo la brecha más profunda es la cognitiva, que tiene un nexo con la educación la cual es la única herramienta que permite a los internautas darle un uso significativo a la red. De nada sirven conexiones, sin las competencias digitales para participar bajo valores como la legalidad y la tolerancia; tampoco sin las habilidades mínimas para emprender y administrar una pequeña empresa.

Internet es cada vez más veloz, móvil y multimedia y para ello dependiente de la banda ancha, declarada por la Unión Internacional de Telecomunicaciones como la infraestructura básica de la Sociedad del conocimiento y que algunos países como Finlandia, han elevado a derecho humano. La banda ancha se ha incrementado en los dos últimos años en México pero aun así, alcanza una penetración de 9 por cada 100 habitantes, cuando en la Unión Europea el promedio es tres veces mayor.
Un operador tiene el 70% del mercado y no se necesita una disertación para reconocer que la falta de competencia, desprotege al usuario mexicano que según la OCDE, paga una de las tarifas más caras de banda ancha de baja velocidad.



¿A qué obedece el rezago digital? En primera instancia a que la tecnología no es neutra, depende de políticas que miren por el interés público. El Programa e-México que implicaría la digitalización de los servicios que se prestan en los tres niveles de gobierno, se traduciría en eficiencia y sustentabilidad, pero sus desarticulados logros apenas los percibimos cuando pagamos impuestos. El comercio electrónico está lejos de ser una realidad, ya que según el INEGI sólo un 7% de los mexicanos realizamos transacciones virtuales.


En México no podemos pensar en Internet como un servicio aislado, ya que se presta empaquetado fundamentalmente a través de dos operadores dominantes de telefonía o televisión por cable, en lo que conocemos como triple play, derroche tecnológico que contrasta con la falta de solidez de programas sociales y educativos de largo aliento para llevarla hasta el último municipio del país.

¿Qué hacer para lograr un México digital? Muchos especialistas lo han señalado reiteradamente, pero el hecho es que el país carece de una política digital integral, para la cual se requiere liderazgo y una visión de Estado, que reconozca que las telecomunicaciones y los medios son servicios de interés público.

Un México digital necesita contar con un marco regulatorio actualizado y pro competitivo del espectro radioeléctrico y de redes de fibra óptica como la de la CFE, que permitiría no sólo más competidores, sino calidad y velocidad para la comunicación de datos, voz y video.

Internet no sólo son redes interconectadas, sino prácticas culturales y territorio natural de innovación,
por ello es apremiante una reforma educativa que contemple no sólo la conexión, sino el desarrollo de competencias digitales en estudiantes y maestros. Finalmente urge formar capital humano en el sector de las Tecnologías de información y brindar incentivos para la innovación como lo han hecho naciones como India y Brasil. Por supuesto que hay más temas en la agenda digital como el de la propiedad intelectual y el resguardo de los datos, pero por ahora quedémonos con un esbozo de lo indispensable para no retrasar más la incorporación de México a la Sociedad del conocimiento.



María Elena Meneses
Profesora e investigadora del Tecnológico de Monterrey


jueves, 4 de marzo de 2010

Hablemos de Globalización

Hablar de globalización en estos tiempos es muy común; sin embargo los alcances y la trascendencia que está teniendo, tanto económica, como política y culturalmente, justifica discutir sobre ella y analizar con mayor profundidad sus efectos.

Es un tema que al parecer no puede estar ausente en los debates de la actualidad.
De algún modo, ésta se ha convertido no sólo en un fenómeno en cierta medida inevitable, sino además en una suerte de realidad siempre presente. Lo cierto es que no existen visiones relacionadas sobre la globalización; mientras unas hacen hincapié en los riesgos que dicho fenómeno puede generar, especialmente para los países que aún no han alcanzado el desarrollo, otras destacan sus efectos positivos, recalcando que ellos son particularmente importantes precisamente en esa clase de países.
Existen importantes ventajas en la globalización, principalmente en el intercambio económico y cultural, que enriquecen a los pueblos con información y oportunidades insospechadas en tiempos pasados. Sin embargo, esta globalización presenta también grados importantes de incertidumbre y de riesgos aún no dimensionados.

En algunos casos, los efectos que tiene la globalización alcanzan extremos no deseados, podemos mencionar como ejemplo las reacciones de nacionalismos excesivos, racismo, proteccionismos económicos, e incluso conflictos. Todo ello demandará continuar analizando los alcances de este fenómeno en el tiempo.
No hay ningún país en el que la globalización no esté siendo exhaustivamente discutida. La difusión global del término testimonia las mismas tendencias a las que se refiere; todo gurú de los negocios habla de ellos, ningún discurso político está completo sin una referencia a él.









"A finales de los años ochenta la palabra apenas se utilizaba, era difícil identificarla en literatura académica o en el lenguaje cotidiano, ha pasado de ningún lugar a estar en casi todas partes.”

Finalmente, la globalización da pie a una interesante discusión acerca de la identidad nacional, tema en el cual no existe acuerdo, sino que sobresalen varias opiniones divergentes. Según la postura que se tenga de éste término a futuro será la causante de diferentes efectos interculturales.
McPad

Bibliografía
Tanzi,Vito. La globalización y la necesidad de una reforma fiscal en los países en desarrollo.
Editorial INTAL, Buenos Aires.